es.wedoany.com Noticia: Pol Martín, cofundador de SKATE ARCHITECTS, arquitecto y skater, plantea que la forma en que los skaters leen la ciudad a través del cuerpo puede ofrecer una perspectiva única para el diseño del espacio público, convirtiendo los skateparks en lugares urbanos más dinámicos.

El skateboarding, creado originalmente por surfistas de California para trasladar las líneas de surf al asfalto, pronto desarrolló una forma de leer la ciudad con una lógica diferente: escalones, barandillas y los espacios entre muros se reinterpretan como posibles rutas y desafíos. Hoy, el skate se ha convertido en una cultura urbana global que transforma el espacio público a través del movimiento corporal.

Martín practicó skate desde pequeño en los espacios renovados de la Barcelona olímpica de 1992, y plazas como Països Catalans, Tres Xemeneies y el MACBA se convirtieron en su "primera escuela de arquitectura". Considera que los skaters desarrollan una sensibilidad constructiva, con un juicio preciso sobre bordes, alturas, materiales, velocidad e inclinación, lo que se ha convertido en la base de su práctica de diseño.

Martín señala que el skate es una forma especial de percibir la ciudad, leyéndola a través del cuerpo en movimiento, no solo con los ojos. Esta experiencia influye en su método de diseño, tendiendo a integrar el skate en el espacio público cotidiano en lugar de aislarlo en recintos cerrados. Se pregunta: si los skaters patinan en plazas comunes, ¿por qué los skateparks diseñados no podrían, a su vez, ofrecer funciones de plaza para la ciudad?

En el proyecto de la Plaza del Born en Barcelona, SKATE ARCHITECTS utilizó granito, y las proporciones y materiales responden directamente a las plazas urbanas que moldearon la cultura local del skate callejero. El diseño del skatepark de Igualada es similar, aprovechando las terrazas del terreno para distribuir el skatepark a diferentes alturas según una cuadrícula. El objetivo de estos proyectos es integrar el skate en el funcionamiento diario de la ciudad, creando continuidad en lugar de ruptura.

Martín enfatiza que el skate exige un altísimo nivel de detalle: curvas, radios, drenaje, grosor de materiales y durabilidad de las superficies afectan directamente la seguridad y la fluidez, y la precisión a veces debe alcanzar el nivel milimétrico. Tiende a evitar llenar el espacio con obstáculos, considerando que "menos es más" es muy efectivo en el diseño de skateparks, ya que otorga a los usuarios la libertad de elegir sus propias rutas.


Martín considera que los skateparks son verdaderos espacios de encuentro urbano, donde la gente puede quedarse, observar, conversar y aprender. En una era en la que la tecnología aísla cada vez más a las personas, estos espacios pueden reunirlas de nuevo. Señala que es hora de abandonar la idea de que los skateparks son lugares cerrados; el skate callejero es parte de la vida real de la ciudad. El camino a seguir es otorgar dignidad al skate y a sus espacios de uso, en lugar de ocultarlos o aislarlos, y entenderlos como un recurso urbano positivo para activar y potenciar el espacio público.

Ciudades como Copenhague y Malmö ya han reconocido el potencial del skate y lo han integrado en estrategias urbanas más amplias. En Copenhague, elementos aptos para el skate se integran en plazas, espacios costeros y rutas de tránsito cotidianas, transformando espacios marginales en activos públicos dinámicos. Malmö, por su parte, colabora con la comunidad local de skaters para reutilizar espacios residuales, creando entornos con vitalidad social; Stapelbäddsparken y el puerto urbano son ejemplos. En ambas ciudades, el skate se convierte en una forma de urbanismo táctico, mejorando la seguridad mediante la presencia constante de personas y activando espacios que de otro modo quedarían sin uso.

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