Recientemente, el gobierno italiano propuso nuevamente construir un puente colgante sobre el Estrecho de Mesina, con un costo estimado de 13.500 millones de euros. Este puente conectará Sicilia con la región de Calabria, reemplazando los ferries actuales y promoviendo el transporte y la actividad económica en dos de las regiones más pobres de Italia.
El puente, de 3,6 kilómetros, tendrá tres carriles por sentido, dos líneas ferroviarias y facilidades para peatones y ciclistas. Si se aprueba, podría revolucionar la ingeniería de puentes.
Sin embargo, el diseño enfrenta desafíos significativos: frecuentes terremotos, fuertes efectos de marea, condiciones climáticas adversas y estrictos requisitos ambientales debido a la protección de la vida marina. Estos desafíos han complicado los planes para cruzar el Estrecho de Mesina durante milenios, desde propuestas romanas de puentes flotantes sobre barriles hasta ideas medievales de puentes de piedra, todas inviables en su época. Desde el siglo XIX, los planes han sido recurrentes pero nunca ejecutados, y en las últimas cinco décadas, varias propuestas han quedado en el aire.
Aunque la tecnología moderna podría superar estos retos, el alto costo sigue siendo un obstáculo. El puente requeriría el tramo central más largo y las torres más altas de cualquier puente colgante en la historia. En Italia, la industria de la construcción y la población muestran escepticismo, con comentarios pesimistas y sarcásticos sobre su viabilidad.










