La Asamblea Nacional de Ecuador aprobó recientemente un proyecto de ley de reforma impulsado por el gobierno del presidente Daniel Noboa, destinado a fortalecer la inversión en los sectores minero y energético. Los resultados de la votación mostraron 77 votos a favor, 70 en contra y 4 abstenciones, marcando un nuevo intento del gobierno para eliminar obstáculos al desarrollo del sector. A pesar del significativo potencial geológico del país, el avance de la minería ha sido lento en los últimos años, y la reforma se considera un paso clave para revitalizar este sector estratégico.
El núcleo de esta reforma minera radica en el ajuste del sistema de permisos ambientales. La nueva normativa reemplaza la actual licencia ambiental por el concepto más amplio de "autorización ambiental", permitiendo diferentes modalidades según el nivel de riesgo del proyecto. La aprobación ambiental ahora puede lograrse a través de tres formas: licencia completa, registro ambiental o certificado ambiental. Las dos últimas opciones están dirigidas principalmente a proyectos de menor impacto, ofreciendo una vía más rápida para reducir las barreras administrativas; para proyectos de mayor impacto, continúa aplicándose un proceso estricto. El gobierno considera que esta modificación mejorará la eficiencia de los procedimientos e inyectará dinamismo a un sector que enfrenta conflictos sociales y cambios regulatorios.
Actualmente, Ecuador solo cuenta con dos grandes proyectos mineros en operación desde 2019: Fruta del Norte y Mirador, y la producción a gran escala está relativamente rezagada en comparación con otros países andinos como Perú y Chile. La reforma también incluye la creación de áreas mineras protegidas, permitiendo el despliegue de fuerzas militares en zonas afectadas por la minería ilegal y actividades delictivas para fortalecer el control. Además, las medidas promueven la formalización de los mineros artesanales y de pequeña escala, alineándose con la estrategia gubernamental de ordenar la cadena minera y reducir las actividades informales.
La ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, señaló: "Ecuador ha identificado alrededor de 400 puntos de minería ilegal en todo el país, lo que refuerza el argumento de fortalecer la presencia estatal en áreas críticas, combinando control y formalización". Sin embargo, la aprobación de la reforma ha generado una fuerte reacción de organizaciones ambientalistas y grupos indígenas, quienes cuestionan que el reemplazo de la licencia ambiental por mecanismos más flexibles pueda debilitar el control estatal sobre los proyectos extractivos. Los críticos advierten que las modificaciones podrían afectar el derecho de las comunidades a la consulta previa, un punto sensible en el debate minero. Antes de la votación, la organización indígena Ecuarunari acusó al gobierno de impulsar una legislación que beneficia a grandes corporaciones transnacionales en detrimento de los intereses nacionales, ambientales y comunitarios.
Esta reforma minera no solo se enfoca en el sector minero; el paquete aprobado también aborda la apertura del sector eléctrico para aumentar la inversión privada, ampliando así el alcance económico. A través de ajustes regulatorios, el gobierno de Noboa busca atraer capital, ordenar las actividades extractivas y enfrentar el avance de la minería ilegal. Sin embargo, dadas las preocupaciones sobre la protección ambiental y comunitaria, se anticipa que los costos políticos y sociales de la reforma seguirán siendo elevados.









