es.wedoany.com Noticia: Axel Paulsen, director de Biocambio, señala en un artículo que la clave del impacto de los eventos climáticos extremos en la salmonicultura chilena radica en comprender cómo los cambios ambientales alteran el equilibrio biológico de los ecosistemas acuáticos, y hace un llamado a fortalecer las estrategias preventivas basadas en biotecnología.

El debate en torno al impacto de los eventos climáticos extremos en la salmonicultura chilena oscila a menudo entre el alarmismo y la minimización. Frente a las predicciones globales sobre posibles fenómenos extremos, la clave está en diferenciar las proyecciones macro de la realidad biológica de los centros de cultivo de agua dulce. Paulsen sostiene que el informe de la plataforma Aqueduct del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) no emite una alerta biológica directa sobre patógenos del salmón, sino que registra con precisión el aumento de la variabilidad climática y el incremento del estrés hídrico de base. Para la zona centro-sur de Chile, los modelos hidrológicos pronostican cambios en la frecuencia de anomalías térmicas y en los patrones de escorrentía superficial, lo que implica alteraciones en las propiedades físicas y químicas de las cuencas, como un mayor arrastre de sedimentos, fluctuaciones de temperatura más bruscas y picos en la concentración de materia orgánica.
Basándose en estas variables ambientales, la literatura científica y los informes sanitarios respaldan la formulación de hipótesis sobre el comportamiento de la microbiota en los centros de cultivo. Paulsen señala que un error común en la narrativa industrial es clasificar todas las especies del género Flavobacterium como patógenas, mientras que la literatura microbiológica describe que este género es ubicuo, con muchas especies saprofitas. Los informes del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca) de Chile y los estándares de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) indican que la transición desde una coexistencia inofensiva hasta un brote de Flavobacterium psychrophilum (enfermedad del agua fría) depende casi exclusivamente de desencadenantes ambientales. Investigaciones lideradas por científicos chilenos (UNAB / Centro Incar) han descrito recientemente nuevas especies en las cuencas, como Flavobacterium maulense, aislada de efluentes de cultivo de salmón del Atlántico. Esta variante posee enzimas capaces de degradar sustratos relacionados con factores de virulencia, y su temperatura óptima de crecimiento se adapta a rangos más altos (18-25 °C). Paulsen enfatiza que no es el clima el que crea las bacterias, sino que el clima altera el equilibrio huésped-patógeno. En cuanto a los hongos acuáticos (oomicetos), según estudios epidemiológicos respaldados por el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) de Chile, la escorrentía superficial introduce grandes cantidades de esporas en los ríos, pero los hongos rara vez colonizan tejidos sanos; requieren una lesión preexistente.
Paulsen concluye que el riesgo real de los eventos meteorológicos extremos no es la aparición de nuevas enfermedades, sino que la desestabilización del ecosistema acuático debilita las barreras naturales del salmón. Plantea la hipótesis de que los centros de cultivo que mantengan una gestión puramente reactiva (basada en desinfectantes químicos tradicionales como formalina o cloruro de sodio) sufrirán pérdidas significativas. Los baños químicos irritantes, si bien limpian temporalmente el agua, también eliminan la microbiota beneficiosa y estresan la capa mucosa protectora de los peces. En cuanto a las soluciones biotecnológicas, Biocambio, a través de una alianza estratégica con la empresa brasileña Korin Agricultura y Medio Ambiente, ha validado el proyecto Bioescudo en aguas frías del sur de Chile. Esta tecnología funciona mediante exclusión competitiva, introduciendo microorganismos beneficiosos estables que colonizan la superficie del pez y su entorno. Los datos de campo acumulados en condiciones de estrés muestran una reducción de hasta el 66% en la mortalidad registrada asociada a brotes de Flavobacterium. Paulsen considera que el clima se está acelerando y las herramientas de prevención deben seguir el ritmo, por lo que evaluar soluciones basadas en la naturaleza y la economía azul se convierte en una decisión para garantizar la continuidad operativa y la resiliencia financiera.
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