Esta semana, el precio del cobre cayó un 5,8%, cerrando en 5,45 dólares por libra, influenciado principalmente por las presiones inflacionarias internacionales, la fortaleza del dólar y la cautela en los mercados financieros.
La tendencia del precio del cobre ha sido impulsada por el continuo aumento de los precios del petróleo crudo. El precio del Brent superó los 100 dólares por barril, elevando las expectativas de inflación y reduciendo la posibilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, lo que a su vez fortalece al dólar y suprime la demanda de metales industriales.
China, principal consumidor mundial de cobre, muestra indicadores positivos en su actividad industrial. Sin embargo, la demanda física débil, los altos niveles de inventario y la compra moderada en el mercado spot limitan el impulso de los precios a corto plazo.
A pesar de la caída de esta semana, los fundamentos estructurales del mercado del cobre siguen siendo sólidos. Las tarifas de tratamiento y refinación (TC/RC) se mantienen en niveles excepcionalmente bajos, reflejando una menor oferta de concentrados y apoyando los precios anuales.
Los inventarios en las bolsas de metales alcanzaron 1,28 millones de toneladas, con un aumento semanal del 0,5%. El cambio en los inventarios se caracteriza por una redistribución geográfica, con aumentos en Londres y disminuciones en Shanghái y COMEX, lo que indica una oferta más laxa a corto plazo.
La diferencia entre el precio spot y el de los contratos a tres meses se amplió en la zona de contango, lo que sugiere que el mercado percibe una reducción de la escasez inmediata de cobre, contribuyendo a la corrección reciente de los precios.
A pesar del ajuste reciente, el precio promedio anual del cobre se sitúa en 5,87 dólares por libra, un 39,5% más alto que en el mismo período de 2025, lo que confirma que el precio del cobre sigue siendo elevado en el contexto de la transición energética y el crecimiento estructural de la demanda.









