Gobierno de México anuncia plan de inversión de 8.100 millones de dólares en gasoductos para 2030
2026-06-04 09:04
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es.wedoany.com Noticia: El gobierno de México anunció una inversión de 140.900 millones de pesos mexicanos (8.100 millones de dólares) hasta 2030 para la modernización, mantenimiento y expansión de los gasoductos del país, una escala sin precedentes en la historia de la industria gasífera mexicana. La directora general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Emilia Calleja, confirmó que 9 nuevos gasoductos de la CFE concentrarán el 38% de la inversión total, destinados específicamente a abastecer 13 nuevas centrales de ciclo combinado. Estas centrales agregarán casi 8.000 megavatios (MW) de capacidad entre 2026 y 2027, de las cuales 7 están programadas para entrar en operación este año.

Suministro, almacenamiento, seguridad e inversión en gas natural

Uno de los proyectos más estratégicos es el gasoducto Libramiento Reynosa, que ya está completado al 99,21% y se prevé que entre en operación en junio de 2026. Conectará el SISTRANGAS (Sistema de Transporte de Gas Natural de México) con la Texas Eastern Transmission Pipeline Company y el Tennessee Gas Pipeline, aumentando así el suministro de gas natural al norte de México. Para el sector energético, que ha visto incumplidas las promesas de almacenamiento y gasoductos durante casi la última década, este avance es notable.

Sin embargo, en 2025 México importó 6.630 millones de pies cúbicos por día (Bcf/d) de gas natural desde Estados Unidos a través de gasoductos. En las últimas décadas, las importaciones de gas seco han crecido de manera constante, mientras que la producción nacional de gas seco ha disminuido en general. Entre 2020 y 2024, México dependió de las importaciones para entre el 69% y el 75% de su consumo de gas seco.

Juan Paulo Cervantes, director comercial de Solensa, señaló que la mayor parte del gas que consume México es importado y que seguirá siendo un commodity altamente competitivo durante los próximos 15 años. Pero tener gasoductos no es suficiente; se necesita saber que el gas estará disponible cuando se requiera. Indicó que Europa y Estados Unidos ya tienen más de 100 gigavatios (GW) de capacidad de almacenamiento, mientras que México solo cuenta con 2,8 GW, y que esta brecha debe reducirse. Enfatizó que la conectividad de infraestructura no es lo mismo que el almacenamiento, y confundir ambos expone al sistema a riesgos. La resiliencia requiere alternativas, no solo gasoductos, sino también la capacidad de absorber impactos cuando la cadena de suministro se interrumpe.

Cuitláhuac García, director general del Centro Nacional de Control del Gas Natural (CENAGAS), señaló que el 70% de la electricidad en México proviene del gas natural, y esta dependencia convierte la confiabilidad de los gasoductos en un problema de seguridad de la red eléctrica, no solo de suministro de combustible. Cuando a principios de mayo el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) emitió una alerta operativa debido a que la demanda superó los 48.000 MW por las altas temperaturas, la suficiencia de la red de gasoductos que abastece a las unidades de ciclo combinado de México pasó de ser un problema de planificación a mediano plazo a una prioridad operativa urgente.

El plan de inversión de 8.100 millones de dólares se centra en los segmentos de transmisión y distribución, y no aborda el problema del suministro de gas. Wood Mackenzie pronostica que la producción de gas seco de México disminuirá ligeramente de 2.302 millones de pies cúbicos por día en 2025 a 2.299 millones de pies cúbicos por día en 2026. En otras palabras, la producción nacional no está creciendo, y los nuevos gasoductos transportarán más gas natural importado de Estados Unidos.

Jorge Sandoval, director general de la Asociación Mexicana de Gas Natural (AMGN), afirmó que, más allá de los desafíos inmediatos de suministro y almacenamiento, la tarea central es construir un sistema energético verdaderamente integral, resiliente y con una visión a largo plazo. El nivel actual de demanda nacional hace que esta urgencia sea innegable. Señaló que el camino a seguir tiene tres pilares: expandir y fortalecer la capacidad de almacenamiento, reforzar la red de distribución e infraestructura, y desarrollar la producción nacional. Estas no son prioridades independientes; deben avanzar de manera coordinada si México quiere tener una industria del gas natural capaz de sostener el crecimiento industrial que ha prometido.

En marzo de 2018, la Secretaría de Energía de México publicó una política de almacenamiento de gas natural que exigía un inventario estratégico de 45.000 millones de pies cúbicos para 2026, pero no se ha logrado ningún avance sustancial. David Madero, exdirector de CENAGAS, enfatizó que el plan de almacenamiento estratégico existe desde hace años, pero no ha habido ningún progreso.

La brecha entre las ambiciones de infraestructura y la realidad operativa obliga al sector industrial mexicano a improvisar. Para las empresas que no pueden esperar a las conexiones de gasoductos o las instalaciones de almacenamiento, la solución a corto plazo es el gas natural licuado (GNL) a pequeña escala: transportar GNL en camiones a sitios industriales que no están conectados a la red de gasoductos o que necesitan un suministro que la red de gasoductos no puede garantizar.

Diego Pecoraro, director de Infraestructura y Proyectos de Capital de Alvarez & Marsal, afirmó que la pregunta que las empresas no están planteando en voz alta es qué sucede cuando se interrumpe la operación. Señaló que las interrupciones ahora duran días, a veces hasta dos semanas, y el impacto en los costos es enorme. La energía se ha convertido en un activo estratégico, no en un servicio público. Los parques industriales ya están promocionando el suministro confiable de energía como una ventaja competitiva diferenciadora. Si una empresa se ubica en una instalación sin energía segura, no solo asume un riesgo operativo, sino que también inmoviliza capital sin posibilidad de obtener rendimientos.

CENAGAS planea contratar empresas de GNL a pequeña escala para gestionar la reducción de picos y proporcionar un colchón de suministro, un reconocimiento pragmático del desajuste entre los plazos de la infraestructura formal y los plazos de la demanda industrial. Empresas como Solensa (que construyó la primera planta de licuefacción de GNL en México) representan una respuesta impulsada por el mercado a la brecha estructural que el plan de inversión gubernamental aún no ha llenado.

Guadalupe Paredes, directora ejecutiva de Luxem Energía, señaló que el 60% del consumo de gas natural en México se destina directamente a la generación de electricidad, lo que significa que mejorar la competitividad de esta industria no solo afecta a un eslabón de la cadena, sino que lo impacta todo. En cuanto a la infraestructura, debido a que los costos de distribución de la última milla pueden ser prohibitivamente altos, la voluntad de invertir es realmente débil. La demanda existe, y muchos usuarios industriales quieren usar gas de gasoducto pero no pueden conectarse. Por lo tanto, al no tener mejores opciones, algunas empresas invierten en construir su propia infraestructura de última milla para garantizar el suministro. Esto no debería ser necesario, y demuestra una brecha estructural que el mercado no puede resolver por sí solo.

La dependencia de México del gas natural estadounidense siempre ha sido un problema comercial, pero se está convirtiendo en un problema geopolítico. La renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya ha incluido explícitamente la energía en la agenda comercial, y los negociadores estadounidenses son muy conscientes de que la red eléctrica mexicana depende del gas natural estadounidense. Cualquier interrupción, politización o arancel en los flujos transfronterizos de gas natural tendría un impacto directo en la generación de electricidad, la producción industrial y la lógica de inversión del nearshoring, que es el núcleo de la estrategia económica de México. En este contexto, los conceptos de soberanía energética y autosuficiencia energética carecen de una base sólida.

El «Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo y el Bienestar 2026-2030» clasifica la energía como una de las ocho áreas estratégicas para proyectos de inversión pública y mixta, con un total de proyectos que asciende a 5,6 billones de pesos mexicanos. En este plan, el transporte de gas natural y la infraestructura relacionada se consideran componentes prioritarios para apuntalar el crecimiento industrial, la generación de electricidad y la seguridad del suministro. El almacenamiento subterráneo, las redes de GNL distribuidas y la infraestructura de biometano requieren participación privada, un marco regulatorio a largo plazo y rendimientos viables en un contexto de incertidumbre de precios y evolución de la ley energética. La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica (LIE) de marzo de 2025 ajustó las reglas para la inversión privada en energía, pero aún no ha proporcionado la claridad regulatoria que las instituciones financieras de infraestructura necesitan para comprometerse con activos cuyos períodos de retorno de la inversión oscilan entre 20 y 30 años.

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