El 20 de enero, el Presidente de Estados Unidos firmó una orden ejecutiva por la que se declaraba una emergencia energética nacional.
Trump citó las deficiencias en la producción, el transporte, el refinado y la generación de energía como una amenaza significativa para la economía, la seguridad nacional y la política exterior del país. También firmó una orden ejecutiva para dar rienda suelta a la energía estadounidense, pidiendo una revisión de todas las acciones de las agencias que pudieran lastrar el desarrollo de los recursos energéticos nacionales, con especial atención al petróleo, el gas natural, el carbón, la energía hidroeléctrica, los biocombustibles, los minerales críticos y los recursos de energía nuclear. Además, anuló 12 órdenes relacionadas con el clima dictadas por la administración anterior y puso fin a todas las actividades del Cuerpo Climático de Estados Unidos.









