Vicepresidente de la Cámara Minera de Chile analiza los nuevos riesgos en seguridad minera
2026-06-11 10:28
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es.wedoany.com Noticia: El vicepresidente de la Cámara Minera de Chile, Walter Muñoz, analizó en un artículo de opinión los nuevos desafíos que enfrenta la seguridad minera, señalando que los riesgos ya no se limitan a la interacción directa con macizos rocosos o cargas pesadas, sino que se han expandido a amenazas sistémicas y técnicas derivadas de la modernización de las operaciones, como lo revela el reciente accidente geomecánico en la mina El Teniente, aún bajo investigación.

Muñoz considera que la conexión de los sistemas de control operativo con redes IP convierte la ciberseguridad industrial en un riesgo crítico. Un ataque informático a los sistemas de ventilación subterránea, a las plantas de procesamiento o a los sistemas de despacho de camiones autónomos podría amenazar directamente vidas humanas. El ciberataque sufrido por SERNAGEOMIN, que provocó la pérdida de valiosos datos, confirma esta vulnerabilidad. La movilidad eléctrica masiva introduce nuevos riesgos químicos, especialmente los incendios de baterías de litio, difíciles de extinguir en entornos subterráneos. Según Muñoz, un incendio que involucre equipos de producción de baterías de litio podría tardar hasta 7 horas en apagarse, generando un desastre potencial. Actualmente, no existen regulaciones claras para la certificación y extinción de este tipo de materiales combustibles, lo que constituye un vacío crítico en la seguridad minera.

A medida que disminuye la ley del mineral y aumenta la profundidad de la explotación, el riesgo de sismicidad inducida y estallidos de roca se incrementa significativamente. Esto exige redefinir los estándares de refuerzo dinámico y desarrollar procedimientos especializados para rocas de mala calidad a nuevas profundidades. La industria está transitando de una "seguridad basada en el comportamiento" hacia un diseño tolerante a fallos y la automatización de procesos de alto potencial de daño, como la voladura y el desquinche mecanizado. La automatización y la operación remota desde centros urbanos, como el Centro Integrado de Operaciones de Codelco El Teniente en Rancagua o el centro de Antamina en Santiago, implican un cambio en los riesgos que requiere una evolución fundamental de la cultura preventiva. Muñoz enfatiza que la ausencia de operadores en una mina a cielo abierto no significa riesgo cero; las zonas de transición donde coexisten equipos autónomos y vehículos supervisados por humanos son los puntos de mayor criticidad.

El estándar LOTO (bloqueo y etiquetado de energías) también refleja este cambio, pasando de un bloqueo físico a uno lógico y multidimensional. Los supervisores de seguridad necesitan comprender los flujos de energía remotos y los protocolos inalámbricos, una capacidad aún en desarrollo en la minería chilena e internacional. El análisis predictivo mediante sensores portátiles permite monitorear en tiempo real taludes, cajas, fatiga y exposición a sustancias nocivas antes de que ocurra un accidente. Muñoz señala que la cultura preventiva está pasando "de una reacción pasiva a los informes de los supervisores a un análisis de desviaciones de datos en la sala de control".

Muñoz considera que el principal desafío es romper con el autoengaño de las "cero estadísticas", donde una operación puede acumular millones de horas-hombre sin accidentes con tiempo perdido, pero manteniendo precursores fatales. La presión por la productividad no puede silenciar los eventos de alto potencial. Un obstáculo clave es la brecha de protección entre el personal propio y los proveedores de servicios; históricamente, las tasas de accidentes complejos se concentran en empresas contratistas y subcontratistas. Muñoz cuestiona esta disparidad y sostiene que el verdadero desafío es unificar los estándares de seguridad para todos, sin distinciones en capacitación o protección. En América Latina, la seguridad aún no es un gen en los trabajadores; la obligación pesa más que la convicción. Atraer nuevo talento requiere demostrar que la minería se preocupa por la salud física y mental de los trabajadores, gestionando la fatiga con tecnología predictiva y utilizando datos para mejorar, no para castigar.

El cambio climático también se ha convertido en un factor ocupacional directo. Las olas de calor prolongadas en zonas desérticas y de alta montaña afectan directamente las tasas de fatiga de operadores y mecánicos; el golpe de calor provoca deshidratación acelerada, pérdida de atención y aumenta los errores de comportamiento crítico. Las lluvias de intensidad anómala alteran la estabilidad de los taludes y el comportamiento del mineral en los stockpiles, aumentando el riesgo de colapsos violentos. La escasez de agua dulce en el interior obliga a operar con plantas desalinizadoras y recirculación extrema de agua, lo que presiona la gestión de polvo bajo el parámetro PM10; la reducción de visibilidad por polvo suspendido es la causa raíz de colisiones de equipos pesados y exposición crónica a sílice. Estos temas serán abordados en el Congreso Mundial de Seguridad y Rescate Minero 2026, que se celebrará en Santiago, organizado por la Cámara Minera de Chile, MIRE y CONEMIN, con la participación de expertos en seguridad minera de todo el mundo.

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