es.wedoany.com Noticia: La agricultura y la acuicultura chilenas se enfrentan a un posible punto de inflexión. Daniel Nieto, gerente del Proyecto Tecnológico de Producción Local de Insumos Vegetales para la Nutrición Acuícola (PTEC-INVA), señaló que, con el cese de compra de remolacha nacional por parte de la empresa Iansa, entre 7.000 y 7.700 hectáreas de tierras de riego de alta calidad están "buscando una nueva dirección productiva". Estas tierras se concentran en las regiones del Maule, Ñuble y Biobío, cuentan con condiciones óptimas de mecanización y agricultura de precisión, así como con productores acostumbrados a contratos estables. Nieto considera que este cambio podría proporcionar una nueva plataforma para la producción local de proteínas y aceites vegetales necesarios para el cultivo del salmón.
Daniel Nieto analiza en su columna que la decisión de Iansa de utilizar azúcar de caña importada no solo marca el fin de un ciclo agrícola, sino que podría significar el término de una de las cadenas agroindustriales más complejas de las últimas décadas en Chile. Destaca especialmente que la industria remolachera no solo impulsaba la producción agrícola, sino que también sostenía una red territorial de asesoría técnica, logística y empleo rural. Ante la situación de tierras ociosas, Nieto plantea: "¿Cómo utilizamos ahora estas tierras, esta experiencia técnica y este capital humano?" Enfatiza que no se trata de terrenos marginales, sino de "el tipo de tierra y de agricultor que Chile necesita para avanzar en la producción local de proteínas y aceites vegetales para la alimentación animal y acuícola".
Esta discusión está directamente relacionada con los objetivos del proyecto PTEC-INVA. Dicho proyecto, apoyado por la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo) y liderado por Salmones Antártica, se dedica a desarrollar materias primas vegetales producidas localmente en Chile para su uso en el cultivo de salmón y trucha. Nieto cree que, tras la salida de la remolacha, cultivos como el lupino, la canola, la linaza o la arveja tienen la oportunidad de formar parte de una nueva cadena agro-acuícola. En su análisis, señala además que, frente a las tensiones geopolíticas y los problemas logísticos globales, "la discusión ya no es solo agrícola, sino geoestratégica".
Sin embargo, el autor también advierte en repetidas ocasiones que cualquier transición debe crear condiciones económicamente viables para los productores. "Sin una rentabilidad razonable, ninguna reconversión es sostenible", añade, señalando que factores como la genética, el manejo agronómico, la transferencia tecnológica y el modelo de negocio determinarán la escalabilidad. Nieto concluye que el desafío fundamental reside en "construir una nueva generación de cadenas agroindustriales chilenas: más resilientes, más arraigadas localmente y menos dependientes de mercados externos cada vez más inciertos".
La transformación del sector remolachero chileno podría impulsar el proceso de localización de materias primas para el cultivo del salmón, pero el camino concreto aún debe sustentarse en un modelo económico estable y en la participación sustancial de los productores. Actualmente, el destino de cientos de hectáreas de tierras agrícolas de alta calidad se ha convertido en un foco de atención común para los sectores agrícola y salmonicultor.
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