Actualmente, el mercado de vehículos eléctricos (EV) está en pleno auge. Muchos vehículos eléctricos tienen una autonomía estimada de 400 a 500 km, y los modelos de gama alta incluso superan los 600 km. Sin embargo, pruebas recientes de la Asociación Australiana del Automóvil en cinco vehículos eléctricos populares mostraron que la autonomía media real es un 11,6% inferior a los datos oficiales. Entre ellos, el BYD Atto 3 tuvo un 23% menos y el Smart 3 solo un 5% menos.

Los datos oficiales de autonomía provienen del Procedimiento Mundial Armonizado para Ensayos de Vehículos Ligeros (WLTP). Esta prueba se realiza en un entorno de laboratorio controlado, donde el vehículo es sometido a un ciclo de conducción de 30 minutos en un dinamómetro. Cubre cuatro niveles: baja, media, alta y muy alta velocidad, siguiendo una secuencia establecida de aceleración, velocidad constante y desaceleración. Durante la prueba, el vehículo no lleva pasajeros, no tiene accesorios instalados, no se enciende la calefacción ni el aire acondicionado, y es conducido por un ordenador en ciclos repetidos hasta que se agota la batería. La distancia total recorrida constituye la autonomía oficial.
Sin embargo, esta prueba en condiciones ideales no tiene en cuenta factores reales como la congestión, el estilo de conducción y los cambios meteorológicos. En realidad, el estilo de conducción, el clima y el peso adicional, entre otros, afectan la autonomía real de un vehículo eléctrico. Conducir a alta velocidad aumenta la resistencia aerodinámica y el consumo de energía; circular por zonas montañosas consume más energía (parte de la cual puede recuperarse mediante el frenado regenerativo hacia la batería); las temperaturas extremadamente frías y calurosas reducen temporalmente la autonomía, esta última debido a la necesidad de enfriar el paquete de baterías; el uso del aire acondicionado y la calefacción también acortan la autonomía; y el aumento de peso (pasajeros, carga) así como el uso de barras o cajas portaequipajes en el techo igualmente reducen la distancia recorrida.
Los evaluadores australianos probaron los vehículos eléctricos en un circuito de 93 km en Geelong y sus alrededores, cubriendo diversas condiciones como conducción urbana, rural y en autopista. Los resultados mostraron que los conductores australianos pueden esperar razonablemente una reducción del 10% al 20% en la autonomía real, similar a los hallazgos internacionales que indican que el uso diario reduce la autonomía entre un 10% y un 30% (pudiendo caer hasta un 40% en invierno con conducción frecuente).
No obstante, esta diferencia no es un factor determinante. La mayoría de los vehículos eléctricos muestran el consumo de energía en tiempo real y una estimación de la autonomía restante, que se ajusta según la conducción, facilitando a los conductores planificar sus viajes con antelación, especialmente los largos. Algunos propietarios también utilizan herramientas de planificación de rutas que estiman el consumo energético en función de factores como la altitud, la velocidad y la temperatura. Además, configurar el vehículo eléctrico en modo de conducción eficiente, reducir el uso del aire acondicionado que consume energía, mantener la presión adecuada de los neumáticos, evitar peso innecesario o portaequipajes en el techo, y enfriar o calentar el vehículo mientras está enchufado (preacondicionamiento) ayudan a prolongar la autonomía.
Vale la pena señalar que la brecha entre las pruebas de laboratorio y el rendimiento real no es exclusiva de los vehículos eléctricos. Pruebas reales en Europa han encontrado que el consumo de combustible y las emisiones de CO2 de los vehículos diésel y de gasolina son aproximadamente un 20% más altos que en las pruebas de laboratorio.
En cuanto a la adopción de vehículos eléctricos, países como Noruega y China están a la vanguardia, mientras que Australia aún se encuentra en una etapa inicial. La información clara e independiente es crucial para ayudar a los consumidores australianos a tomar decisiones informadas y fomentar la adopción de vehículos eléctricos. Las pruebas en condiciones reales ayudan a cerrar la brecha entre las promesas de marketing y la realidad en la carretera, dando a los conductores la confianza para planificar sus viajes y conducir con tranquilidad.












