Un equipo de investigación dirigido por Jenny Frediani de la Universidad de Estocolmo, utilizando el telescopio espacial James Webb (JWST), ha descubierto un disco de formación planetaria con una composición química extremadamente peculiar: en la región donde podrían formarse planetas similares a la Tierra, el contenido de dióxido de carbono es anormalmente alto. Este descubrimiento, publicado en la revista Astronomy & Astrophysics, desafia el conocimiento existente sobre las propiedades químicas de los lugares de origen de los planetas.

Jenny Frediani declaró: «La mayoría de los discos de formación planetaria en su interior están dominados por vapor de agua, pero este disco es rico en dióxido de carbono, y el vapor de agua es casi indetectable, lo que contrasta marcadamente con las observaciones convencionales». En los modelos tradicionales, los "guijarros" ricos en hielo de agua migran desde el disco exterior hacia el interior, y el aumento de temperatura hace que el hielo se sublime, formando vapor de agua. Sin embargo, el disco planetario observado en esta ocasión muestra fuertes características de dióxido de carbono, no de vapor de agua.
Arjan Bik, investigador de la Universidad de Estocolmo, señaló: «Es inesperado que el contenido de dióxido de carbono en la región de formación planetaria sea tan alto, posiblemente debido a que una intensa radiación ultravioleta remodeló la composición química del disco planetario». El estudio también detectó variantes raras de isótopos de dióxido de carbono, que podrían proporcionar pistas sobre las huellas isotópicas anómalas encontradas en meteoritos y cometas.
Este disco planetario rico en dióxido de carbono se encuentra en la región de formación estelar NGC 6357, a aproximadamente 1,7 kiloparsecs de la Tierra, y fue descubierto por el consorcio Extreme UV Environments (XUE). La líder del consorcio, Maria-Claudia Ramírez-Tannus, afirmó que este descubrimiento revela cómo los entornos de radiación extrema pueden alterar los componentes básicos de los planetas, siendo crucial para comprender la diversidad de atmósferas planetarias y su potencial de habitabilidad. Gracias al instrumento MIRI del telescopio espacial James Webb, los astrónomos pueden observar en detalle discos planetarios distantes en longitudes de onda infrarrojas, proporcionando información clave para el estudio de las condiciones de formación planetaria.














