Un reciente estudio de la Universidad Macquarie ha descubierto que las hormigas tejedoras muestran un patrón de colaboración grupal altamente eficiente y muy diferente al de los equipos humanos. Publicado el 12 de agosto en Current Biology, el trabajo revela que, al aumentar el tamaño del grupo, la contribución individual de cada hormiga se intensifica. El Dr. Chris Reid con hormigas tejedoras en el laboratorio.
Los investigadores observaron que, cuando las hormigas tejedoras forman cadenas vivas para transportar hojas, la fuerza de tracción de cada individuo casi se duplica al aumentar el tamaño del equipo. Esto contrasta notablemente con el fenómeno de “pereza social” común en equipos humanos. La investigadora principal de la Universidad Macquarie, Madeleine Stuertsen, afirmó: «Las hormigas exhiben una capacidad de colaboración única: cuanto mayor es el equipo, mejor es el rendimiento individual».
El estudio reveló que las hormigas tejedoras emplean un mecanismo de “trinquete de fuerza”: algunas hormigas tiran activamente mientras otras actúan como puntos de anclaje fijos que almacenan fuerza. El Dr. Daniel Calasso, de la Universidad de Constanza, explicó: «Las hormigas posteriores almacenan fuerza estirando su cuerpo, mientras las delanteras aplican fuerza continua; esta división del trabajo hace que las cadenas largas sean más eficientes».
Los investigadores consideran que este modelo de colaboración grupal tiene implicaciones para el desarrollo de la robótica. El Dr. David Labonte, del Imperial College de Londres, señaló: «Las estrategias de colaboración de las hormigas podrían ayudar a mejorar la eficiencia coordinada de equipos de robots autónomos». El Dr. Chris Reid, de la Universidad Macquarie, añadió que este hallazgo ofrece inspiración biológica para diseñar nuevos sistemas de robots colaborativos.










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