es.wedoany.com Noticia: La Comisión Europea ha presentado recientemente un Paquete Integral de Soberanía Tecnológica (Tech Sovereignty Package), que abarca cuatro áreas principales: chips, nube e inteligencia artificial, ecosistema de código abierto y digitalización energética, con el objetivo de aliviar la dependencia estructural de la UE en tecnologías digitales clave. Un análisis preliminar del Centro de Estudios de Política Europea (Center for European Policy Studies, Cep) considera que este es el esfuerzo más coordinado realizado hasta la fecha por la UE para abordar el problema de la dependencia tecnológica, aunque también conlleva riesgos. La clave reside en cómo Europa define e implementa su autonomía, sin optar por un dilema entre el cierre y la apertura.

Este paquete se presenta en un contexto de datos reales contundentes: según el informe Draghi, la UE sigue dependiendo de proveedores no europeos en más del 80% de sus productos digitales, servicios, infraestructura y propiedad intelectual. Esta vulnerabilidad tiene una doble dimensión industrial y geopolítica: la inteligencia artificial, la ciberseguridad, la gestión de datos públicos y las redes energéticas digitalizadas dependen de componentes y plataformas controlados desde el extranjero. Por ello, Bruselas impulsa intervenciones simultáneas en varios frentes: la revisión de la Ley de Chips (Chips Act) para fomentar la producción de semiconductores avanzados; la promulgación de la Ley de Desarrollo de la Nube y la Inteligencia Artificial (Cloud and AI Development Act, conocida como Cada) que abarca la infraestructura de nube e IA; la revitalización del código abierto mediante la Estrategia de Ecosistema Digital Abierto; y la Hoja de Ruta Energética para abordar los cuellos de botella en los centros de datos. La Comisión Europea considera que ya no es suficiente confiar únicamente en la financiación de la investigación o en el establecimiento de principios generales para afrontar los desafíos actuales; también es necesario estimular la demanda, construir infraestructura, mantener el software y garantizar el suministro eléctrico de forma simultánea.
La nueva versión de la Ley de Chips desplaza el enfoque de la investigación a la comercialización. En comparación con la versión de 2023, que se centraba en líneas piloto y estructuras de coordinación, el nuevo plan propone construir en Europa la primera fundición abierta (open foundry) orientada a procesos por debajo de los 3 nanómetros, con una producción piloto prevista entre 2030 y 2033. El plan también introduce Aceleradores de Demanda (Demand Accelerators), que vinculan a los productores con los compradores mediante acuerdos de precompra. Matthias Kullas, experto en semiconductores del Cep, señala que, dada la situación geopolítica actual, Europa debe aumentar su autosuficiencia en la producción de chips, y que la atención a la demanda puede enviar una señal creíble a los inversores; no obstante, los altos costos de construcción, los largos plazos de aprobación y la escasez de habilidades siguen siendo debilidades en el lado de la oferta.
La Ley Cada se centra en la construcción de soberanía en los ámbitos de la nube y la IA, exigiendo a los Estados miembros que evalúen los sistemas públicos que dependen de servicios de nube extranjeros y los clasifiquen según niveles de soberanía. El objetivo de la ley es triplicar la capacidad de los centros de datos europeos en los próximos cinco a siete años, con una inversión necesaria de aproximadamente 200 000 millones de euros, la mayor parte procedente del sector privado. La Ley Cada propone cuatro niveles de soberanía en la nube, cuyos criterios abarcan el control de los servicios y la cadena de suministro, la ubicación del procesamiento de datos de inferencia de IA, la ubicación de la infraestructura y el nivel de ciberseguridad. Philipp Eckhardt, economista del departamento de tecnologías de la información del Cep, considera que este marco de evaluación puede ayudar a las administraciones públicas a identificar mejor su exposición al riesgo, pero el riesgo reside en que, si los resultados del análisis se convierten en una preferencia generalizada en las contrataciones, podría provocar un aumento de los costos y una reducción de la competencia. Los expertos citan como ejemplo el Esquema Europeo de Certificación de Ciberseguridad para Servicios en la Nube (European Cybersecurity Certification Scheme for Cloud Services, Eucs), que estuvo estancado durante años debido a la incorporación de controversias políticas como la localización de datos en mecanismos técnicos. Eckhardt subraya que la Ley Cada debe distinguir entre los sistemas verdaderamente sensibles y la mayoría de los casos de uso de la nube: para los primeros se pueden aplicar requisitos estrictos de soberanía, mientras que para los segundos se debe priorizar la competitividad, la portabilidad y el precio.
La Estrategia de Ecosistema Digital Abierto propone utilizar el código abierto como palanca estratégica para la soberanía tecnológica. La UE ya ha financiado iniciativas abiertas en varios ámbitos, como el proyecto openEuroLlm y la Cartera de Identidad Digital Europea, pero siempre ha carecido de un modelo de mantenimiento coherente. La Comisión Europea planea establecer un Instrumento de Mantenimiento de Código Abierto (Open-Source Maintenance Instrument) para proporcionar apoyo financiero a largo plazo, y crear una Fundación Europea de Infraestructura Pública Digital (European Digital Public Infrastructure Foundation) encargada de la gestión de los repositorios de código, al mismo tiempo que impulsa el principio de "código abierto por defecto" en las licitaciones públicas de I+D. Anselm Küsters, experto en digitalización del Cep, opina que la soberanía es una condición previa para la apertura, no su opuesto: si Europa no puede construir y mantener de forma autónoma al menos una parte de su infraestructura digital crítica, perderá la capacidad de negociar con proveedores y adversarios geopolíticos. No obstante, el Cep también señala las limitaciones de la escala de financiación: la Comisión Europea estima que los fondos públicos y privados sumarán aproximadamente 2 000 millones de euros en siete años, una cifra muy limitada en comparación con los 264 000 millones de euros anuales de gasto en TI propietario. Por lo tanto, los fondos deben vincularse explícitamente a las obligaciones de mantenimiento, y no solo a la puesta en marcha de proyectos.
La Hoja de Ruta Energética aborda directamente la presión que supone el rápido crecimiento de los centros de datos. Se prevé que la demanda de electricidad de los centros de datos de la UE se multiplique por más de dos para 2030, pasando de una capacidad instalada de aproximadamente 10 GW a unos 35 GW, lo que podría suponer una pesada carga para las redes eléctricas y la planificación energética regional. La hoja de ruta plantea tres vías: integrar los centros de datos en la planificación de las redes eléctricas nacionales, avanzando mediante acuerdos entre operadores, autoridades públicas y agentes energéticos; utilizar la IA en los sistemas energéticos para optimizar las redes y aumentar la flexibilidad del lado de la demanda; e introducir un sistema de calificación de eficiencia para centros de datos que considere la eficiencia energética, el consumo de agua, el uso de energías renovables y la reutilización del calor residual. El análisis sugiere que, sin una gestión eficaz del crecimiento energético, la soberanía tecnológica podría enfrentarse a cuellos de botella físicos antes que a restricciones industriales. Aquí se manifiesta la estrecha relación entre las políticas digital e industrial: la inteligencia artificial necesita la nube, la nube necesita chips, los chips necesitan fábricas, y las fábricas y los centros de datos necesitan energía; cada eslabón se condiciona mutuamente.
El Cep formula recomendaciones sensibles en el ámbito de la contratación pública. El paquete puede utilizar la demanda pública como palanca industrial, pero requiere una ejecución cuidadosa: en el ámbito de la nube, la contratación como herramienta de soberanía debe limitarse únicamente a áreas de seguridad claramente definidas, y los requisitos especiales deben ser determinados por los legisladores, no delegados en actos de ejecución o sistemas de certificación; en el ámbito de los chips, la demanda pública puede utilizarse para apoyar la inversión en nuevas fábricas, y las IA Gigafactories y las Zonas de Aceleración de Centros de Datos (Data Centre Acceleration Zones) pueden actuar como clientes de referencia, siempre que las normas de contratación refuercen efectivamente la demanda. El Cep establece una condición clara: solo si la calidad del hardware de origen europeo es competitiva, la preferencia en la contratación podrá consolidar el caso industrial de las nuevas fábricas europeas; de lo contrario, la inversión seguirá siendo frágil.
El mensaje central del análisis del Cep es que la soberanía tecnológica no equivale al desacoplamiento. La declaración estratégica de la Comisión Europea subraya que esto no implica aislamiento, proteccionismo o cierre tecnológico. En un sentido fuerte, la soberanía significa la capacidad de actuar con libertad: elegir entre proveedores, cambiar de plataforma sin costos excesivos y, cuando sea necesario, colocar las cargas sensibles bajo la jurisdicción adecuada. La exclusión automática de proveedores extranjeros de las licitaciones públicas no es la intención; el objetivo es que Europa pueda negociar en el mercado desde una posición de menor dependencia. El desafío es evitar que la soberanía se convierta en un sinónimo de proteccionismo encubierto. La historia industrial europea demuestra que las barreras y las preferencias pueden generar industrias protegidas en lugar de competitivas, y el riesgo es aún mayor en sectores tecnológicos de rápida evolución. La calidad de la elaboración de las normas será determinante, y se necesitan bases jurídicas claras, evaluaciones de impacto, supervisión parlamentaria y criterios proporcionados. La soberanía tecnológica no puede construirse transfiriendo decisiones políticas a organismos técnicos sin mandato.
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